Me llamo Luís, tengo una edad de 33 años y vivo solo. No me gusta decirlo pero soy un expresidiario. Realmente vivo con la condicional trabajando en un gran zoo que por falta de personal aceptaron mi entrada. Os estaréis preguntando el por qué de mis condiciones, es simple, maté a mi mejor amigo por accidente. Entonces yo era un soldado pero la suerte no fue mi aliada aquel día. Nunca me perdonaré ese suceso y el mundo al parecer tampoco. Llevo escasos dos meses intentando empezar de nuevo en el zoo que ya comente pero parece ser que no solo mi vida iba a dar un cambio, sino la de todos.
Seguro que ahora pierden el tiempo pensando a que me refiero con todos. Me refiero a una simple y maldita invasión zombie. Creedme que no estoy loco. La invasión se expandió en toda la ciudad de Mandora y yo que trabajaba en el zoo no me enteré por las buenas. En ese momento estaba dejando las cosas en mi pequeño armario y preparándome el equipo para ir a alimentar a los animalillos. Reconozco que de inicio los odiaba ya que además me hacían jugarretas a la mínima oportunidad pero uno les coge cariño.
Ya pueden imaginarse mi figura cargada de objetos como un explorador chiflado de película dirigiéndose hacia el área infantil a dar de comer a unas cabras. Unas cabras maltratadas por niños enloquecidos pero no hay nada que hacer, eso lo tienen todos los zoos infantiles. Era sábado y el zoo llevaría un par de horas abierto. Caminaba con los cascos puestos escuchando la radio cuando me fijé en dos siluetas humanas que andaban hacia mí con un caminar muy extraño. Más que levantar los pies y andar paso a paso los arrastraban con los brazos caídos del todo hundiendo así sus hombros en sus espaldas. En vez de mantenerse firmes y derechos, caminaban medio tambaleándose por los lados. Esta escena me preocupó por si esa pareja había tenido algún tipo de accidente y decidí acercarme yo también a la vez que me sacaba los cascos.
Mi cara cambió radicalmente cuando vi sin ninguna duda, sangre resbalar por su boca a la mujer. Tenían la mirada perdida en mí. Andaban con gruñidos inteligibles a la vez que babeaban saliva y sangre. El hombre tenía el cuello desgarrado como si le hubieran metido un bocado en este y la chica tenia la boca llena de sangre, sin duda ella le había mordido a él, pero… porque iban juntos entonces?
Los lobos que se situaban a una gran jaula que simulaba su naturaleza empezaron a aullar y gruñir a esos dos individuos ferozmente. No solo yo, sino también los lobos veían claro que algo grande estaba pasando y para nada bueno. Los aullidos de los lobos distrajeron la atención a esos dos individuos que retomaron una nueva ruta y se dirigieron a la jaula de estos. Los lobos seguían gruñendo a la vez que mantenían las distancias mientras estos dos pegaban sus rostros a la verja como si intentaran traspasarlas.
- ¡Esta prohibido acercarse tanto y tocar las jaulas! Mantengan distancias por favor –les dije a la pareja.
El hombre se giró y empezó a venir a mí de la misma forma que anteriormente en cambio, la mujer, seguía al borde de la jaula. El hombre abrió la boca cuando apenas nos distanciaban escasos metros con el fin claro de morderme. De esta descendían hilos de saliva que se le pegaban al cuello de su camisa.
- ¡Deténgase! –le ordené.
El hombre ni reaccionó ante mis palabras. Sin dudarlo, desenvainé mi katana, bueno… un palo con un gancho al final que usaba para estirar cosas a distancia o para engancharlo en los carros. Alcé mi arma amenazadoramente pero este nuevamente no se enteró. Lo tenía ya a dos metros de mí cuando le golpeé en la cara con m arma haciéndole caer de lado. No gimió solo dejo escapar un gruñido de desagrado y comenzó a levantarse de nuevo. Su cara no sentía nada ni tan siquiera el dolor y algo me obligó a hacerlo.
Con todas mis fuerzas clavé el gancho a su espalda abriéndose camino por carne y piel del individuo. No gritó, no gimió… Su carne mostraba claros síntomas de deterioración, ese hombre de medio cuello, estaba muerto sin embargo se movía. Cuando se levantaba con dificultades por tener mi gancho presionándole contra el suelo, le pisé la cabeza de tal forma que se escuchó los huesos de su cráneo partirse, el hombre no se volvió a mover.
- Felicidades Luis, volviste a hacerlo.
Me giré y le vi. Lamento haberme olvidado de mencionarlo. Desde la muerte de mi amigo sufro ilusiones de su presencia que me habla buscando mi dolor. Allí estaba él, con su ropa de soldado, mirándome. Exactamente igual que cuando le maté.
- ¡Tu sabes la verdad, no soy un asesino! ¡Eso quería matarme! –le contesté.
- Quizás debas dejar de gritar si es que no deseas acabar como nuestro amigo y yo.
Él hizo un gesto con la cabeza señalándome a la derecha. Venían varias personas con los mismos síntomas.
- ¿Qué demonios está sucediendo? –pregunté sin ánimo de obtener una respuesta.
Bueno así empezó mi historia en la invasión.
-----------------------------------------------------------------------------------------------Quiero advertir antes de nada que el nombre del protagonista puede verse alterado un día ya que es un nombre temporal. Respecto a los posteos de este blog se harán cada dos dias. Sean pacientes y espero que lo disfruten. (Se agradecen comentarios)
Me ha gustado mucho tu relato y esta interesante asi que estoy deseando seguir leyendo ,espero que este comentario si que salga.
ResponderEliminarGracias Astro por tu relato.